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Fichas, posts y boletines escritos con los datos de tu negocio.

Le damos a la IA los datos reales de cada inmueble o producto, tus textos anteriores y tus reglas de tono. Ella escribe el borrador y una persona de tu equipo lo revisa antes de publicar nada.

Es lunes y la semana pasada captaste cinco pisos. Alguien de la oficina tiene que escribir las cinco fichas para el portal antes de mediodía, y a la tercera ya está copiando frases de la primera: luminoso, buena zona, ideal para familias. Las fotos cuentan otra cosa. Uno tiene la cocina recién reformada y otro un trastero que no tiene ningún piso de la calle, pero esos detalles se quedan en la hoja de captación porque nadie tiene diez minutos para rescatarlos.

Si le pasas el encargo a una herramienta de IA cualquiera, te devuelve el mismo texto en menos tiempo. Escribe con soltura y con las palabras que usaría para cualquier piso de cualquier ciudad, porque no sabe nada del tuyo.

La IA lee tu material antes de escribir

Montamos el sistema para que trabaje con lo que ya tienes. Antes de redactar una ficha, lee los datos de ese inmueble o ese producto y mira las fotos. También tiene delante los textos que ya publicaste y te gustaron, y unas reglas de tono que escribimos contigo al empezar: si tratas al cliente de tú o de usted, qué expresiones no quieres ver, cuánto debe medir un anuncio en el portal y cuánto uno en tu web.

Con eso, la ficha del piso con trastero habla del trastero. El texto suena a tu agencia o a tu tienda, con las frases que usarías tú, y la descripción de un producto explica en qué se diferencia del de al lado.

Fichas, publicaciones, boletines y reseñas

Las fichas son el caso más claro, pero el mismo sistema prepara otras piezas que hoy se quedan a medias o salen tarde. Cuando entra un inmueble nuevo o llega una novedad al catálogo, redacta la publicación para redes con tu forma de hablar. A final de mes escribe el boletín o el correo a tu cartera a partir de lo que ha pasado en el negocio: las operaciones cerradas del mes o el cliente que tardó un año en decidirse y por fin firmó.

Con las reseñas pasa algo parecido. Alguien deja una, buena o mala, y te espera un borrador de respuesta que tiene en cuenta lo que esa persona ha escrito.

Una persona revisa antes de publicar

Nada se publica sin que alguien de tu equipo lo lea. El borrador llega a una persona que lo aprueba tal cual, lo corrige o lo descarta, y en las reseñas aprobar o corregir lleva un clic. Esa persona decide lo que el sistema no puede saber: que el propietario prefiere que no se mencione la planta, o que una reseña dura pide una llamada antes que una respuesta pública.

Si ves que corriges una y otra vez la misma expresión, nos lo dices y la añadimos a tus reglas, que así van recogiendo lo que tu equipo ya cambiaba a mano.

Dónde se nota más

Se nota en los negocios que publican mucho y siempre con prisa. Una inmobiliaria con veinte inmuebles nuevos al mes escribe veinte fichas y otras tantas publicaciones, casi siempre en los huecos entre visitas. Una tienda con catálogo vive lo mismo con productos que se parecen entre sí y que necesitan una descripción propia para que el comprador sepa cuál elegir.

En los dos casos ganas horas, y cada texto cuenta algo que solo vale para ese inmueble o ese producto, que es lo que busca quien compara cinco anuncios parecidos en el portal.

Con qué se construye

Léelo con calma

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